Cañada del Hoyo

Este pueblo de la Sierra Baja de Cuenca, pastoril, forestal y aislado del renacimiento económico que se inicia con Fernando VI (1746) y alcanza su plenitud con Carlos III, debió llevar una vida tranquila y sin más sobresaltos que aquellos que pudieron producir el cese de tierras de señorío (año 1792) y su posterior traspaso a manos privadas, mediante las sucesivas desamortizaciones de Mendizábal y Madoz. Esta época fisiócrata y seguidora de la ilustración francesa le dedica gran atención a la agricultura por pensar en ella como correctora de clases, por ofrecer una mayor facilidad para ocupar puestos de trabajo y, consecuentemente, colaborar a la eliminación del hambre. Todos los dirigentes de la época, al menos en el deseo, atacaron la gran propiedad feudal mediante los establecimientos de explotaciones a censo enfitéutico, es decir, cesión de uso útil mediante canon anual que se pagaba al cedente, bien para siempre o a plazo

 

Varias leyes, escalonadas entre 1766 y 1770, ordenaron el reparto entre los vecinos más necesitados de las tierras de labrantías propias de los pueblos, así como de las baldías y concejiles. En los archivos de este Ayuntamiento existe el documento original del primer registro de la propiedad que se terminó de redactar en “la villa de la Cañada del Hoyo a veinte y tres días del mes de Junio de mil setecientos cincuenta y tres. Firmado por D. Francisco Gozalvoz y Morales; Narciso de Moriana; Antonio Collado y Ante mí: Vicente Sánchez Ramos”.
La pérdida del poder de la Mesta y el crecimiento demográfico obligó a que el término municipal se hiciera más cerealista, pero con ello solamente se pudo subvenir mínimamente al propio sustento.
Esto le llevaría a estar siempre dispuesto a librar batalla contra la burguesía y contra la ciudad como símbolo de aquella. La máxima población estuvo en los años de 1947 (fecha de terminación del ferrocarril Cuenca-Utiel) con 1.148 habitantes entre Cañada, sus diversos rentos, molinos habitados y la aldea de los Oteros.

Con el siglo XIX, Cañada del Hoyo vuelve a aparecer como frontera de litigios entre carlistas –también llamados apostólicos- y liberales o isabelinos. Tras la muerte de Fernando VII, y con la llegada del liberalismo al poder, es reconstruido y recuperado el castillo para uso militar. A partir del año 1833 los pueblos de esta comarca participaron con los apostólicos o carlistas por ser esta primera guerra civil la lucha del campo contra la ciudad. Después de la muerte de Zumalacárregui las posibilidades de tomar Madrid, por parte de los carlistas, se pierden, y el ejército del Maestrazgo, mandado por Cabrera (finales del año 1839), quien no reconoció la firma del fin de la guerra entre Espartero y Moroto, retrocede presionado por el ejército isabelino.

El encuentro entre ambos ejércitos se realizó a lo largo de Cañada del Hoyo, Reillo y Carboneras (que resultó incendiada) donde las fuerzas de Cabrera fueron derrotadas por las del entonces, casi desconocido, general O’Donnell y dispersadas en dos columnas, una hacia Chelva y la otra, por Moya, hacia Ademuz y sierras del Sureste de Teruel. A partir de aquí este general fue nombrado Capitán general de Cataluña, Valencia y Murcia con lo que llegó la pacificación del Maestrazgo. Como hecho puntual diremos, que durante los días 31 de Agosto, 1 y 2 de Septiembre de 1839 en Carboneras del Guadazaón se dio el enfrentamiento entre las tropas de la Reina mandadas directamente por el brigadier Santiago Pérez y las tropas del carlista Cabrera por Balmaseda y Ceballos.

Años más tarde, ya con la tercera guerra carlista, el castillo del Buen Suceso de Cañada del Hoyo siguió siendo noticia porque en él se alojaron don Alfonso, hermano del pretendiente a la corona, y su esposa la princesa Doña Blanca (realmente su nombre era María de las Nieves de Braganza) en su camino hacia el asalto y toma de Cuenca, hecho que tuvo lugar el 15 de Julio de 1874. A partir de estas fechas el castillo fue paulatinamente desmantelándose.

La restauración borbónica de finales del siglo XIX y la pequeña burguesía agraria no lograron suficiente poder económico para cambiar la sociedad agraria existente, ni ofrecerle un mejor nivel de vida; dicha circunstancia se dio porque no existió ningún proyecto económico con envergadura suficiente para modificar la vinculación propiedad-familia preexistente. Los beneficios de aquellas explotaciones agrícolas y ganaderas que salen después de las desamortizaciones no dan para el cambio.

Pasado el tiempo, mientras este pueblo y el resto de la provincia permanecen cautivos de su estructura agraria y caciquil, ven cómo, el Norte y Cataluña se transforman hacia un modelo industrial que siempre estuvo dirigido a un mercado interior sin riesgos. Y… se inicia el éxodo y la emigración.
Con la llegada del siglo XXI, los proyectos económicos y sociales se vuelven hacia las nuevas funciones económicas; y el turismo rural junto al senderismo, será donde todos hemos depositado las esperanzas de alcanzar un mejor desarrollo y una recuperación poblacional.

PERSONALIDAD HISTÓRICA DE CAÑADA DEL HOYO.

Por Vicente Lozano Sahuquillo.

(Breve resumen del libro La Cañada del Hoyo de Cuenca: Su Personalidad Histórica)